Friday, February 6, 2026

 
Un desafío a la sobrevivencia y un canto a La Habana

"Vieja Habana que ya conozco de memoria, hasta el extremo de poder anticipar cuáles olores me esperan en determinada esquina y a cierta hora: el aroma del café de los que se levantan a trabajar, el olor del pan recién horneado y el olor de amor tardío y fecundo o vespertino y sorpresivo”

Reinaldo Bragado Bretaña (La Habana, 1953 - Miami, 2005)
Otro libro de Reinaldo Bragado Bretaña, disponible en Amazon, que ve la luz en la Editorial El Ateje. Al parecer, la persistencia de María Rivera fue una de las cualidades que Bragado también vio en ella y, gracias a ella, sus obras siguen viendo la luz bajo la gestión de Luis de la Paz y su editorial El Ateje. Bien recuerdo esta novela cuando ayudaba a mi amigo Bragado a imprimir en pruebas de galera lo que escribía, siempre con la intención de verlo publicado. Recuerdo sus primeros libros que vieron la luz, con publicaciones “caseras”, incluyendo cubiertas y contracubiertas de editoriales como “La Torre de Papel” y “Editorial Outsider”, que era el nombre de su perro Golden Retriever. Outsider, que un día apareció abandonado, Bragado lo recogió, cuidó y lo trajo a una vida feliz con él hasta que, un buen día, desapareció, así como había aparecido, o eso creo, si la memoria no me falla. Recuerdo esta novela y aún tengo una prueba de galera de las que imprimía en una impresora de alta velocidad en mi oficina. Siempre me deleitaba en las lecturas de lo que escribía, pero esta novela, por falta de tiempo y por los ajetreos y avatares de la vida, solo la he leído a pedazos, pues esas pruebas también a veces las hacíamos a pedazos. Me viene a la mente su aguda habilidad para escribir, hablar y pensar. Su sátira del lenguaje, su puntería paranoica, su ironía, su lenguaje inteligente e impredecible. Recuerdo cuando todos, ocupados con el mundo, afanados en los muchos misceláneos quehaceres de la vida, entonces, olvidábamos tener en cuenta al perrito Outsider; este se paraba frente a su platico de comer, y Bragado, de pronto, enunciaba en alta voz: “¡EL PERRO DEBE SER ALIMENTADO!” implicando la mutua responsabilidad del amor entregado a Outsider. En esta novela, Bragado recorre lo que va quedando de la ciudad y el recuerdo de sus propios habitantes, que, despacio, la hunden en el mar. El recuerdo real de una ciudad que se pierde en la miseria, en un entorno fatídico que trasciende el trópico y su magia, hasta convertirse en un observador participante de una tragedia cada vez más ajena. Así deambula por el deterioro, por las noches cada vez más apagadas, de la ciudad; sus fantasmas, sus olores, sus muertos, sus parias y sus víctimas, en medio de la metamorfosis destructiva del atemporal socialismo. Ya un testigo más de la destrucción de la ciudad, por el socialismo y el castrismo, jugaba, esquivaba, observaba la descomposición social. Los epígrafes de la novela desenlazan brillantemente la acción, la temática, la enseñanza y las insinuaciones de los capítulos, llenos de olores, del lenguaje y del sudor de la voluptuosidad de la ciudad y de sus personajes. Para los que conocimos y amamos aquella isla, aquella ciudad colonial y próspera, su arquitectura, su magia, su misterio, sus calles y vericuetos, sus olores, sus caminos, su humedad y sensualidad; esta lectura nos toca profundo y como él menciona, convirtió a sus padres y sus abuelos en “peninsulares errantes”; a nosotros, esa isla, nos convirtió “insulares nómadas”