¡Ay, Paco! ¡Ay, Paco! ¡Ay, Paco!
Para mí, la idea
de la percepción o realidad de una decadencia social y general en España desde
1975 se basa en una percepción real que adquirí desde que salí de Cuba hacia
España, cuando trabajé en TWA de 1988 a 1991 y después en mis múltiples viajes
de placer. España, así como toda Europa, ha experimentado un avance en su
índice per cápita, exportaciones, infraestructura y tecnología; pero aún tiene
problemas estructurales no resueltos, incrementados por la corrupción rampante
de los políticos, ahora socialistas, y por la inmigración abierta a hábitos y
culturas ajenos a la cultura europea, como bloque cultural continental. Antes
de la Unión Europea, cada vez que hacía un viaje por carretera desde Francia
hacia España, en el cruce de la frontera, siempre se notaba una diferencia de
desarrollo. Quizás la Unión Europea haya borrado esas diferencias de
desarrollo, pero no creo que lo haya hecho del todo en lo social y cultural.
Informes recientes de la Fundación Heritage y del Instituto Juan de Mariana señalan
una regresión en la libertad económica (puesto 53 a nivel mundial) debido al
aumento del gasto público, de la deuda y de la presión fiscal. En el desempleo,
España mantiene tasas de paro estructural superiores a la media europea,
especialmente entre los jóvenes. La tasa de nacimientos ha caído de 18,7 por
cada 1.000 habitantes en 1975 a 6,6 en 2023, lo que la convierte en una de las
más bajas del mundo. El endeudamiento del Estado ha crecido significativamente
tras las crisis de 2008 y 2020. La España actual es significativamente más
rica, más “educada” y más libre que la de 1975; pero cada vez con gobiernos más
socialistas y corruptos, con un notable estancamiento de los salarios reales y
de horizontes prometedores para las nuevas generaciones. No creo que, en
resumen, la seguridad física y los derechos individuales hayan mejorado
notablemente; el bienestar psicológico, la demografía y la estabilidad
económica para las nuevas generaciones son los ejes donde más se percibe ese
"deterioro". La llamada “diversidad” de la población, la
secularización extrema y la ausencia total de valores, empujadas por los
liberales y los socialistas, no creo que hayan contribuido al mejoramiento de
la sociedad española. Me pregunto si alguien puede negar que la desaparición
del bipartidismo y el aumento de la polarización hayan generado una “decadencia
institucional" en la calidad de la democracia española. Los gobiernos
socialistas no salen de un escándalo para entrar en otro y se hunden cada vez
más en ideas ilusorias y wokistas, y en falsas promesas para engañar a las
nuevas generaciones. España reporta el mayor consumo de ansiolíticos del mundo
y ha registrado una propensión al aumento de los trastornos de ansiedad y
depresión entre los jóvenes tras las crisis económicas. Mi mejor indicio de la
estabilidad y el progreso en España, lo constituía caminar por la Gran Vía y
experimentar su auge o deterioro; entrar en las callejuelas aledañas, ver hasta
qué medida las prostitutas invadían la gran avenida y cuán seguro se podía
sentir uno caminando por Madrid o Barcelona a las tres de la mañana. España
será un país más rico y tecnológicamente avanzado; pero desde 1975 pasó de una
dictadura a una democracia distorsionada por la persistente corrupción de los
socialistas y sus escándalos financieros que afectan a todo el país. El PSOE de
Felipe González acumuló una lista de cuatro escándalos; el PP de Aznar, dos;
Zapatero, tres; el PP de Rajoy, tres; y el PSOE de Pedro Sánchez ya va por dos,
más de los que no sabemos. ¿Es este el precio que deben pagar los españoles por
una “democracia” en vez de, quizás, una monarquía parlamentaria? Oigo decir que
muchos españoles ahora cantan: ¡Ay, Paco! ¡Ay, Paco!
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