Friday, January 30, 2026

 

¡Ay, Paco! ¡Ay, Paco! ¡Ay, Paco!

Para mí, la idea de la percepción o realidad de una decadencia social y general en España desde 1975 se basa en una percepción real que adquirí desde que salí de Cuba hacia España, cuando trabajé en TWA de 1988 a 1991 y después en mis múltiples viajes de placer. España, así como toda Europa, ha experimentado un avance en su índice per cápita, exportaciones, infraestructura y tecnología; pero aún tiene problemas estructurales no resueltos, incrementados por la corrupción rampante de los políticos, ahora socialistas, y por la inmigración abierta a hábitos y culturas ajenos a la cultura europea, como bloque cultural continental. Antes de la Unión Europea, cada vez que hacía un viaje por carretera desde Francia hacia España, en el cruce de la frontera, siempre se notaba una diferencia de desarrollo. Quizás la Unión Europea haya borrado esas diferencias de desarrollo, pero no creo que lo haya hecho del todo en lo social y cultural. Informes recientes de la Fundación Heritage y del Instituto Juan de Mariana señalan una regresión en la libertad económica (puesto 53 a nivel mundial) debido al aumento del gasto público, de la deuda y de la presión fiscal. En el desempleo, España mantiene tasas de paro estructural superiores a la media europea, especialmente entre los jóvenes. La tasa de nacimientos ha caído de 18,7 por cada 1.000 habitantes en 1975 a 6,6 en 2023, lo que la convierte en una de las más bajas del mundo. El endeudamiento del Estado ha crecido significativamente tras las crisis de 2008 y 2020. La España actual es significativamente más rica, más “educada” y más libre que la de 1975; pero cada vez con gobiernos más socialistas y corruptos, con un notable estancamiento de los salarios reales y de horizontes prometedores para las nuevas generaciones. No creo que, en resumen, la seguridad física y los derechos individuales hayan mejorado notablemente; el bienestar psicológico, la demografía y la estabilidad económica para las nuevas generaciones son los ejes donde más se percibe ese "deterioro". La llamada “diversidad” de la población, la secularización extrema y la ausencia total de valores, empujadas por los liberales y los socialistas, no creo que hayan contribuido al mejoramiento de la sociedad española. Me pregunto si alguien puede negar que la desaparición del bipartidismo y el aumento de la polarización hayan generado una “decadencia institucional" en la calidad de la democracia española. Los gobiernos socialistas no salen de un escándalo para entrar en otro y se hunden cada vez más en ideas ilusorias y wokistas, y en falsas promesas para engañar a las nuevas generaciones. España reporta el mayor consumo de ansiolíticos del mundo y ha registrado una propensión al aumento de los trastornos de ansiedad y depresión entre los jóvenes tras las crisis económicas. Mi mejor indicio de la estabilidad y el progreso en España, lo constituía caminar por la Gran Vía y experimentar su auge o deterioro; entrar en las callejuelas aledañas, ver hasta qué medida las prostitutas invadían la gran avenida y cuán seguro se podía sentir uno caminando por Madrid o Barcelona a las tres de la mañana. España será un país más rico y tecnológicamente avanzado; pero desde 1975 pasó de una dictadura a una democracia distorsionada por la persistente corrupción de los socialistas y sus escándalos financieros que afectan a todo el país. El PSOE de Felipe González acumuló una lista de cuatro escándalos; el PP de Aznar, dos; Zapatero, tres; el PP de Rajoy, tres; y el PSOE de Pedro Sánchez ya va por dos, más de los que no sabemos. ¿Es este el precio que deben pagar los españoles por una “democracia” en vez de, quizás, una monarquía parlamentaria? Oigo decir que muchos españoles ahora cantan: ¡Ay, Paco! ¡Ay, Paco!


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